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PERFIL: Sebastián Piñera, el candidato chileno que propone volver al punto de partida

Actualizado a las 17/11/2017 - 10:11
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Por Javier Ureta

SANTIAGO, 16 nov (Xinhua) -- Dice Sebastián Piñera (Santiago, 1 de diciembre de 1949) que Chile perdió el rumbo en estos últimos cuatro años de gobierno de Michelle Bachelet, y que sintió que era su deber asumir el liderazgo y terminar las tareas que empezó en su primera etapa al frente del Ejecutivo, de 2010 a 2014.

El candidato de Chile Vamos (derecha), uno de los hombres más ricos del país, es el favorito para las elecciones del domingo, que los medios atribuyen a la supuesta sensación de desilusión que ha dejado la administración Bachelet, que no ha terminado de cumplir todas sus promesas electorales.

Sebastián es el tercero de los seis hijos de José Piñera, fundador de la Democracia Cristiana, uno de los partidos fundamentales para entender la vida política chilena. De educación cristiana, estudió ingeniería comercial en la Pontificia Universidad Católica de Santiago, e hizo un máster en Harvard (Estados Unidos).

Es hermano de un ministro del dictador Augusto Pinochet y tiene cuatro hijos y ocho nietos, más otro que viene en camino.

Su brillante currículum le valió para ser consultor de entidades financieras como el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo, además de encabezar Citicorp y ser accionista mayoritario de empresas claves del país austral como LAN Chile, Chilevisión y la prestigiosa clínica Las Condes.

Pero para entender la verdadera personalidad de Piñera, hay que saber que en 1988, cuando derecha y dictadura eran dos ideas prácticamente indisolubles, el votó 'no' al plebiscito que perpetuaba el régimen militar de Pinochet.

El punto central del programa de Piñera es la economía, con una visión diametralmente opuesta a la que ha caracterizado al gobierno de Bachelet, que en los últimos meses ha sacado adelante importantes leyes de calado social, como la despenalización del aborto en tres causales o la legalización del matrimonio homosexual.

Por eso, durante la campaña, ha gastado sus esfuerzos en atraer a las clases medias. Un miembro de su equipo económico lo explica así: "En estos cuatro años hubo buenas ideas pero no fueron bien ejecutadas. La clase media es la que siempre sale afectada, porque el rico sigue ganando plata suficiente y los más pobres han sido ayudados con los subsidios".

Piñera ya ha anunciado que pretende regresar a Chile al punto en el que lo dejó en 2014, y echar atrás las reformas tributarias, laborales y educativas que ha aprobado Bachelet durante este último gobierno.

También ha descartado cumplir otros largos anhelos de gran parte de la sociedad chilena, como que la educación y la sanidad sean gratuitas y universales.

"Hay muchos chilenos que tienen muchas necesidades y también merecen y necesitan ayuda del Estado, y nosotros tenemos recursos escasos. No hay nada más demagógico, falso y dañino que el populismo, prometer lo que se sabe que no se puede cumplir."

"Si Chile decidiera ir a la gratuidad universal y, por lo tanto, financiar con recursos públicos la educación a los sectores más privilegiados, comprometeríamos todos los recursos fiscales para las próximas décadas", ha dicho Piñera repetidamente en campaña.

Lo cierto es que, con las urnas a la vuelta de la esquina, el candidato de la derecha es el favorito para volver al palacio presidencial de La Moneda, gracias al mensaje de estabilidad que enarbola y que tanto ha calado en los ciudadanos.

Esta sensación se explica por los buenos resultados económicos cosechados durante su primera etapa, cuando Chile creció a buen ritmo, aumentaron los salarios y se generaron un millón de empleos, aunque sus críticos y muchos expertos independientes han señalado que este auge se debió a las medidas adoptadas por el gobierno previo, que casualmente también fue de Bachelet.

Quizá por la experiencia previa, la campaña de Piñera ha sido sólida y sin errores, pese a que muchas veces ha quedado enmedio de la extrema derecha del candidato José Antonio Kast y las fuerzas de izquierda representadas por el otro favorito, Alejandro Guillier, y la líder del Frente Amplio, Beatriz Sánchez.

Por eso no ha querido bajar demasiado al barro de los debates electorales y al fuego cruzado de los candidatos, y ha insistido una y otra vez en las líneas maestras, que si nada falla este domingo, le darán el pase cómodo a la segunda ronda en el caso más probable, o lo transportarán de nuevo a La Moneda, en el difícil caso de que obtenga más del 50 por ciento de apoyo en unas elecciones con ocho aspirantes.

El domingo, Piñera y sus partidarios buscan concretar el anhelo del empresario liberal convertido en candidato, que quiere "enderezar el rumbo" y devolver a Chile al estado en el que lo dejó en 2014.  

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