Por Natalia de la Cuesta
RIO DE JANEIRO, 31 dic (Xinhua) -- La hidroeléctrica de Belo Monte (en la Amazonia, norte), la refinería Abreu e Lima (estado de Pernambuco, nordeste) y el Complejo Petroquímico de Río de Janeiro (Comperj), en el sudeste, las tres mayores obras de infraestructura de Brasil, enfrentan parálisis por conflictos laborales.
Los paros -que en los tres proyectos sumaron en conjunto casi seis meses- deriva de una negativa de los trabajadores a retomar sus puestos de trabajo hasta conseguir una mejoría de los beneficios laborales.
Comperj, por ejemplo, sumó 82 días de parálisis entre noviembre de 2011 y mayo de este año, según datos del Sindicato Nacional de la Industria de la Construcción Pesada (Sinicon). En la Abreu e Lima, también llamada RNEST, fueron 71 días de paro desde 2010, mientras que en Belo Monte, cuyas obras se iniciaron en 2011, son 16 días.
Las estrategias de los trabajadores están surtiendo efecto. Además de los aumentos salariales por encima de la inflación conseguidos, también lograron elevar los beneficios concedidos por las empresas. El valor de la cesta básica, por ejemplo, fue el elemento que más creció en las tres obras: en la refinería aumentó 940 por ciento en cuatro años, de 25 a 260 reales (de 12 a 130 dólares), aunque es en la Comperj donde se paga mejor: 300 reales (150 dólares). En Belo Monte, el valor aumentó 110 por ciento en un año y medio de actividades, hasta los 200 reales (100 dólares).
"En un entorno como este, donde hay una evidente escasez de mano de obra, el trabajador vive en el paraíso", apunta el profesor de la Universidad de Sao Paulo (USP), José Pastori, especialista en relaciones laborales.
Según Pastori, la situación es más favorable en las obras ubicadas en zonas remotas e inhóspitas, en las que los trabajadores están aislados en la zona, lejos de la familia y sin acceso a servicios y entretenimiento.
Pastori dice que muchas compañías han tratado de enseñar a los profesionales de recursos humanos a negociar. "No sirve de nada el entrenamiento. Hoy en día, los trabajadores tienen todo lo que piden. El panorama cambió", asegura. En total, en las tres obras,los reajustes salariales fueron de una media del 11 por ciento. En Belo Monte, consiguieron reducir de 180 a 90 días el tiempo para visitar a la familia, en la refinería Abreu e Lima, de 120 a 90 días.
"Hay un cambio en la formación de los trabajadores de la construcción. Antes tenía un bajo valor social. Ahora necesitan más formación profesional y absorber la alta tecnología", dice el presidente de la Unión de Trabajadores de la Construcción Pesada y montaje industrial de Bahia (Sintepav), Adalberto Galvao.
Además de una mayor cultura sindical, los trabajadores ahora tienen más educación y están conectados a la información de todo el país, indica Galvao. En la práctica, esto significa una mayor rotatividad.
Si ven una oportunidad mejor, con una cesta de beneficios mejor, no dudan en cambiar de trabajo, explica Galvao.
El mismo dice que "el gobierno lanzó un paquete de obras importantes, pero no miró para el desarrollo social del trabajador. El techo de la protección social y las prestaciones no se están concediendo en la misma proporción que los beneficios empresariales". Galvao cree que los trabajadores que tienen más conciencia harán en un futuro grandes manifestaciones para exigir que la riqueza sea distribuida. El problema es que no todas las huelgas son pacíficas, como se pudo ver en Belo Monte y el Comperj. Con miles de trabajadores actuando, los sindicatos no han logrado controlar los ánimos de algunos grupos, que acaban destruyendo lo que encuentran delante, ya sea autobuses, maquinaria, equipos o el propio alojamiento. La situación llegó a ser tan preocupante tras los primeros incidentes con violencia en las obras de la hidroeléctrica Jirau y Santo Antonio, en el río Madeira, que el gobierno federal decidió crear el Compromiso Nacional de Mejoramiento de las Condiciones de Trabajo en la Industria de la Construcción, que involucra a trabajadores y empresas.
El presidente del Sinicon, Rodolfo Tourinho, dijo que durante más de 11 meses se discutieron una serie de medidas para mejorar el entorno de trabajo y mediar en futuras huelgas.
Se definieron seis compromisos: la contratación de mano de obra por el Sistema Nacional de Empleo (SINE), la eliminación de pequeñas trabas burocráticas; cualificación; salud y seguridad; un ambiente seguro y saludable para el trabajador; relaciones con la comunidad, con compensaciones sociales, y una representación sindical en el lugar.
Los empresarios necesitan adherirse al compromiso. "El objetivo es crear una mesa permanente de discusión. Si hay algún movimiento de huelga y no se llega a un acuerdo, un grupo de trabajo se activa para calmar la situación", dice Tourinho.
Sin embargo, los sindicatos se quejan de que el acuerdo no está funcionando. "Habrá mucha confusión en el Programa de Aceleración de Crecimiento (del Gobierno Federal) en 2013", afirma Paulo Pereira da Silva, presidente de la Fuerza Sindical.
"Hemos firmado el acuerdo y sin embargo los trabajadores siguen siendo maltratados", argumenta el sindicalista.