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Xi lidera al PCCh para promover un disciplinamiento integral y riguroso
El Comité Central del Partido Comunista de China (PCCh) inició el lunes una sesión plenaria de cuatro días en Beijing, centrada en el fortalecimiento del disciplinamiento del Partido.
Esta constituye la medida más reciente del Comité Central del Partido, con Xi Jinping en su núcleo, destinada a fortalecer a la organización mediante un disciplinamiento integral y riguroso.
Xi, secretario general del Comité Central del PCCh, ha subrayado que ejercer esta forma de disciplinamiento es una tarea permanente para el Partido.
"Para forjar el hierro, uno mismo debe ser muy fuerte", destacó poco después de su elección para dicho cargo en noviembre de 2012. Más tarde, durante una sesión de estudio grupal del Buró Político del Comité Central del PCCh, advirtió que, si el problema de la corrupción crece cada vez con mayor fuerza, acabará sumiendo en la ruina al Partido y al Estado.
Al entrar China en una nueva era, el PCCh, el partido gobernante más grande del mundo, se ha enfrentado a desafíos sin precedentes en su tarea de garantizar la reforma, el desarrollo y la estabilidad, así como para abordar los problemas y riesgos afrontados por la nación.
Xi ha enfatizado que el éxito de China depende del Partido, y ha dejado claro que el PCCh debe fortalecerse continuamente a través de su propio disciplinamiento.
En 2014, planteó explícitamente el concepto de "ejercer un disciplinamiento integral y riguroso del Partido", como parte de la estrategia de gobernanza integral del mismo, compuesta por cuatro pilares, junto con la construcción de una sociedad modestamente acomodada en todos los aspectos, la profundización integral de la reforma y la gobernación integral del país según la ley.
Xi ha convertido el disciplinamiento integral y riguroso del Partido en una estrategia a largo plazo, al considerarla vital para la gobernanza duradera del Partido, la estabilidad a largo término del país y la felicidad y el bienestar del pueblo.
ABRIR NUEVOS CAMINOS
En diciembre de 2012, Xi comenzó a fortalecer este disciplinamiento mediante la introducción de un código de conducta que pasó a conocerse como "los ocho reglamentos". Se establecieron regulaciones para los dirigentes del Partido en lo relativo a los viajes de investigación, las reuniones, la documentación y otras funciones oficiales, poniendo coto a los banquetes suntuosos, los eventos con alfombra roja, la pompa, las comitivas, las reuniones innecesarias y los privilegios de lujo que, en otro tiempo, algunos consideraban símbolos típicos del poder.
Su aplicación ha contribuido a frenar malas prácticas arraigadas, con efectos que trascienden las oficinas del Partido y del Gobierno para alcanzar a la sociedad en su conjunto.
"Los ocho reglamentos han propiciado, a lo largo de los años, cambios fundamentales", indicó Xi el año pasado, cuando el Partido puso en marcha una campaña dirigida a reforzar este código de conducta y consolidar las mejoras logradas.
Xi impulsó, además, una ofensiva anticorrupción sin precedentes que ha llegado a todos los rincones de la administración pública, alcanzando tanto a los "tigres" o los funcionarios corruptos de altos cargos, como a las "moscas", aquellos de menor nivel. Algunos de los cargos de mayor rango, incluidos antiguos miembros del Buró Político y de su Comité Permanente, altos mandos militares y personas ya retiradas que dejaron sus puestos de responsabilidad hace años, han sido llevados ante la justicia.
La campaña anticorrupción ha continuado sin tregua y Xi ha remarcado que se trata de una lucha constante. Solo en 2025, 115 funcionarios de nivel ministerial o superior fueron objeto de investigación, mientras que 627.000 personas recibieron sanciones por hechos de mala conducta y corrupción que afectan a los intereses inmediatos del pueblo. Ese mismo año, China abrió también investigaciones sobre más de 500 casos transfronterizos relacionados con esta problemática.
En una sesión plenaria del máximo órgano disciplinario del PCCh, celebrada a principios de este año, Xi advirtió de nuevo que se trata de un problema que surge con demasiada facilidad y frecuencia.
"Debemos llevar la lucha contra la corrupción hasta el final, sin importar cuán grande sea la resistencia o cuán elevado el costo", afirmó. "No habrá clemencia para quien incurra en actos corruptos, independientemente de quién sea, de su rango o de sus contribuciones pasadas".
ENFOQUES EFICACES
Resulta imperativo mantener el liderazgo general del Partido con el fin de fortalecer su disciplinamiento integral y riguroso.
A lo largo de los últimos 14 años, este liderazgo ha quedado reafirmado tanto en sus propios Estatutos como en la Constitución del país. Se han establecido comisiones centrales orientadas a supervisar áreas clave, como la reforma, la seguridad nacional, los asuntos del ciberespacio, los financieros y económicos. Asimismo, se han afianzado los mecanismos de trabajo de los órganos centrales de toma de decisiones y coordinación.
Otra estrategia consiste en reforzar la formación teórica. Con Xi a la cabeza, el PCCh ha puesto en marcha nueve grandes campañas educativas a escala de todo el Partido.
La más reciente, comenzada en febrero de este año, instó a sus miembros a corregir su mentalidad respecto a su actuación en la gestión pública, con el objetivo de erradicar la tendencia --observada en algunos funcionarios-- a sacrificar el bienestar de la población en su afán por mejorar sus propios indicadores de desempeño.
Esta campaña se basó en los logros de iniciativas anteriores relativas a la disciplina del Partido y a la implementación de los ocho reglamentos, entre otras medidas, con el propósito de promover el disciplinamiento del PCCh.
Tales esfuerzos han ido de la mano del fortalecimiento institucional. Bajo la dirección de Xi, se han mejorado los sistemas de supervisión, tanto del Partido como del Estado.
Se crearon la Comisión Nacional de Supervisión y sus homólogas a nivel local, con la finalidad de someter a supervisión a todos quienes ocupan cargos públicos, sin importar si son o no miembros del Partido.
De igual modo, Xi ha convertido las inspecciones disciplinarias en un instrumento clave de la supervisión interna del Partido.
Este sistema de inspección permite que sus autoridades de mayor rango envíen equipos para examinar cómo los funcionarios ejercen el poder y aplican las políticas de la dirección central. Los inspectores entrevistan a funcionarios y a ciudadanos, revisan documentos y reciben denuncias, para luego informar de sus hallazgos a las autoridades del Partido.
Tras cada ronda llevada a cabo por el Comité Central del PCCh, Xi ha examinado los informes en detalle, evaluado los problemas detectados e impulsado mejoras adicionales en la labor de inspección.
Desde 2012, el Partido ha formulado o revisado un número sin precedentes de normativas internas, estableciendo un marco integral de reglas destinado a confinar el poder dentro de una "jaula institucional".
Si bien reconoció los avances, Xi advirtió que, en algunas localidades, las normas se aplicaban de manera deficiente, mientras persistían "reglas ocultas". Hizo hincapié en que las regulaciones deben funcionar como "las líneas de alta tensión" y, del mismo modo, es preciso ejercer el poder de forma transparente, sin dejar margen para tales prácticas encubiertas.
Todos estos mecanismos forman parte de un esfuerzo integral orientado a garantizar que los funcionarios, en palabras de Xi, "no tengan la audacia, la oportunidad ni el deseo de incurrir en la corrupción".
LIDERAR EL PROCESO DE MODERNIZACIÓN
Este disciplinamiento integral y riguroso persigue un objetivo más amplio: robustecer la capacidad del Partido para liderar el proceso de modernización de China.
"En aras de alcanzar con éxito los objetivos y las tareas del XV Plan Quinquenal (2026-2030), es imperativo centrarse en potenciar la capacidad y la competencia del Partido a la hora de dirigir el desarrollo económico y social", señaló Xi ante altos funcionarios de nivel provincial y ministerial que participaron este año en una sesión de estudio en la Escuela del Partido del Comité Central del PCCh.
Xi instó a los funcionarios del Partido a acrecentar su capacidad para impulsar un desarrollo de alta calidad y servir al pueblo, así como prevenir y mitigar los riesgos.
China ha entrado en una etapa crucial para alcanzar la meta de lograr, en lo fundamental, la modernización para el año 2035, al tiempo que sigue enfrentando la creciente incertidumbre registrada en el plano internacional y desafíos internos cada vez mayores. En coyunturas tan críticas, un liderazgo firme del Partido resulta vital, con la mira puesta en trazar el rumbo.
Todos los miembros del Partido, según acentuó Xi, deben mantenerse fieles a la aspiración y la misión fundacionales del Partido, y guiar a la nación hacia la "creación de nuevas glorias históricas".


