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Diario desde primera línea de las labores de rescate tras el alud en Gyirong

Por DIARIO DEL PUEBLO digital | el 04 de septiembre de 2026 | 14:53

Por Qiongda Zhuoga, Diario del Pueblo

En el lugar del rescate, hay personas y situaciones que a menudo consiguen conmoverme.

Esta mañana fui a uno de los centros donde están alojados los familiares de las víctimas mortales y de las personas desaparecidas, y allí conocí a una joven médica de poco más de 20 años, llamada Zhuoma. Procede del Hospital de Medicina Tibetana del condado de Ngamring, en la ciudad de Xigaze, y desde que llegó aquí a las 11 de la mañana del 26 de agosto, no se ha marchado.

El rostro de Zhuoma estaba algo demacrado y tenía unas ojeras muy marcadas. Le pregunté, preocupada, cómo se encontraba y si quería ir a descansar un rato, pero ella simplemente sonrió: “No pasa nada, soy joven, aguanto”. Me fijé en que tenía en las manos unas manchas marrones dejadas por el baño en hierbas medicinales. Son marcas difíciles de eliminar, pero a ella no parecían importarle lo más mínimo.

Al salir del centro de alojamiento, me encontré con mi compañera Liu Wenxin. Comparado con ayer por la mañana, cuando la vi en primera línea, su rostro seguía algo pálido, aunque parecía encontrarse un poco mejor. La noche del 1 de septiembre pasó toda la noche en una tienda de campaña para las labores de rescate en la zona fronteriza y fue la primera periodista en entrar en el núcleo de la zona afectada. Charlamos un momento y después cada una volvió a sus tareas.

Por la tarde decidí volver a ir al municipio de Sale. A las ocho y media de la mañana le había enviado un mensaje por WeChat a la jefa del municipio, Tenzin Wangmo, diciéndole que quería verla un momento. No recibí su respuesta hasta pasadas las dos de la tarde: “Lo siento, acabo de verlo”. En mis visitas anteriores tampoco había podido hablar con ella más que unas pocas palabras.

Finalmente, alrededor de las cuatro y media de la tarde pude encontrarme con Tenzin Wangmo. “Después de evacuar a la población, ya no estamos tan ocupados, pero cada día tenemos que organizar a gente para ayudar a los vecinos a alimentar al ganado, cortar hierba y ocuparse de algunas otras cosas”, me explicó.

Por la noche, al regresar a donde me alojaba, me miré en el espejo. Cuando llegué por primera vez a la primera línea de las labores de rescate, cada día era un completo caos y durante tres días seguidos ni siquiera tuve tiempo de lavarme la cara. Estos dos últimos días, antes de salir, me lavo la cara y procuro arreglarme un poco. Hubo varios días en los que sentí que ya no podía más, pero cuando pienso en ellas, parece que vuelvo a recuperar las fuerzas.

Ellas son las mujeres que he conocido durante mis entrevistas: militares, funcionarias, médicas, voluntarias, periodistas… Algunas llevaban varios días sin dormir; otras tenían la voz tan ronca que apenas podían hablar; y algunas, incluso estando enfermas, seguían firmes en sus puestos. Pero todas estaban en primera línea, avanzando al frente.

Todas pensaban lo mismo: ante una gran catástrofe, hay que dar todo lo que uno tenga.

(Web editor: 周雨, Zhao Jian)