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Los nuevos aranceles estadounidenses están muy equivocados

Por DIARIO DEL PUEBLO digital | el 07 de agosto de 2026 | 13:56

Por Guo Jinyue

Estados Unidos ha impuesto otra ronda de aranceles que cubre el 99,4 por ciento de sus importaciones. Este paso marca la escalada más reciente de la agenda de política comercial proteccionista de Washington.

El 23 de julio, la Oficina del Representante Comercial de los Estados Unidos (USTR) anunció que impondría aranceles adicionales de entre el 10 y el 12,5 por ciento a las importaciones de 60 economías, incluida China, bajo la Sección 301 de la Ley de Comercio de 1974, citando como razón la supuesta "incapacidad para imponer y hacer cumplir de manera efectiva la prohibición sobre la importación de bienes producidos mediante trabajo forzado".

La medida socava gravemente la estabilidad de las cadenas de suministro mundiales, interrumpe el orden del comercio internacional y ha obtenido poco apoyo tanto dentro como fuera de sus fronteras. Los nuevos aranceles demuestran que Estados Unidos permite cada vez más que las leyes internas se impongan sobre las normas internacionales, impulsando aún más el unilateralismo.

Esta no es la primera vez que Washington recurre a tales medidas. Desde 1974, Estados Unidos ha iniciado más de 130 investigaciones bajo la Sección 301, buscando que muchos países sufran las consecuencias. Desde el establecimiento de la OMC en 1995 hasta 2017, Estados Unidos operen gran medida dentro de las reglas y procedimientos establecidos, utilizando las investigaciones de la Sección 301 principalmente como un paso previo antes de llevar las disputas al marco de la OMC para negociaciones.

Sin embargo, desde que cambió hacia un enfoque de "Estados Unidos primero", el país ha abandonado gradualmente su “fachada multilateral” y ha perpetrado cada vez más sus acciones unilaterales. Las últimas medidas arancelarias marcan otro paso en el cambio de la estrategia comercial estadounidense, pasando de la coordinación multilateral a la acción unilateral. Las herramientas legales pueden cambiar, pero la estrategia subyacente sigue siendo la misma.

A principios de este año, la Corte Suprema de los EE. UU. dictaminó que la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA) no autorizaba al presidente a imponer aranceles generalizados. La Casa Blanca recurrió entonces a los aranceles de la Sección 122 como medida provisional. Cuando estos expiraron el 24 de julio, Washington cambió sin problemas a los aranceles de la Sección 301. Desde la IEEPA hasta la Ley de Comercio de 1974, la cobertura legal sigue cambiando, pero el instrumento central, el gran garrote de los aranceles, permanece inalterado. Como dijo el Representante Comercial de EE. UU., Jamieson Greer: "Las autoridades específicas que está utilizando esta administración han cambiado, pero la estrategia comercial no".

Estados Unidos está utilizando el "trabajo forzado" como pretexto para acusar a otros de lo que no ha logrado resolver por sí mismo. Washington afirma que ciertas economías no han impuesto ni hecho cumplir efectivamente la prohibición de importar bienes producidos con trabajo forzado. La implicación es que EE. UU. es el único país del mundo que ha "impuesto y hecho cumplir de manera efectiva" tales restricciones y, por lo tanto, tiene derecho a imponer aranceles a otros.

Tal argumento ha sido cuestionado, incluso dentro de Estados Unidos. Desiree LeClercq, exdirectora de asuntos laborales en la USTR, ha señalado que, a diferencia de los procedimientos de prohibición de trabajo forzado de los EE. UU., los procedimientos pertinentes de la Unión Europea (UE) mantienen normas probatorias estrictas. Entre los 187 estados miembros de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Estados Unidos es uno de los seis países que aún no han ratificado el Convenio sobre el Trabajo Forzoso de 1930. Al rechazar las normas internacionales y mientras se posiciona como un árbitro global, Estados Unidos no puede justificar sus acciones.

Más irónicamente, el propio Estados Unidos sigue enfrentando serias preocupaciones sobre trabajo forzado. Según el Índice Global de Esclavitud publicado por la organización internacional de derechos humanos Walk Free, se estimó que alrededor de 1,1 millones de personas en EE. UU. vivían en esclavitud moderna en 2021. El informe "Trabajo cautivo: explotación de trabajadores encarcelados", publicado por la Unión Americana por las Libertades Civiles (ACLU) y la Universidad de Chicago, señaló: "Hay aproximadamente 800.000 personas trabajando mientras están encarceladas en prisiones estatales y federales de Estados Unidos".

En última instancia, Estados Unidos no busca genuinamente eliminar el trabajo forzado a través de estos aranceles. Más bien, está utilizando las acusaciones de trabajo forzado para etiquetar a sus socios comerciales y proporcionar un barniz de legitimidad a sus acciones unilaterales.

Los últimos aranceles representan una medida contraproducente que daña a otros sin beneficiar a Estados Unidos. Las medidas arancelarias han inyectado mayor incertidumbre en el comercio global y aumentado los costos en toda la economía mundial, siendo los países en desarrollo los que soportan la mayor carga. En la economía global interconectada de hoy, un solo producto a menudo involucra componentes y procesos de producción que abarcan varios países. El enfoque de Washington solo hará que las disputas comerciales sean más complicadas y difíciles de resolver. Como era de esperar, las medidas han encontrado una firme oposición por parte de China y varios aliados de EE. UU., incluido Brasil, tanto durante su formulación como después de su implementación.

El propio Estados Unidos también pagará un precio. El centro de estudios estadounidense Progressive Policy Institute estima que los aranceles podrían costar a los consumidores y empresas de EE. UU. alrededor de 100.000 millones de dólares anuales. Asimismo, investigaciones del Banco de la Reserva Federal de Nueva York muestran que casi la mitad de las empresas sujetas a aranceles trasladan los costos adicionales a los consumidores. El 24 de julio, dos pequeñas empresas estadounidenses presentaron demandas para impugnar las medidas. La prometida reindustrialización de Washington tampoco se ha materializado. Los datos del segundo trimestre de 2026 muestran que, si bien la fabricación avanzada impulsada por la inteligencia artificial se ha expandido, otros sectores manufactureros se han mantenido estancados, y el gasto en construcción de fábricas y el empleo manufacturero han disminuido.

En lugar de hacer que la industria estadounidense sea "grande de nuevo", los aranceles se han convertido en una carga para las empresas y los consumidores estadounidenses.

En esencia, las últimas medidas arancelarias representan una explotación económica y un acoso político envueltos en el lenguaje de la ley. Es poco probable que la agenda de "Estados Unidos primero" termine. El manual de utilizar aranceles como arma contra el mundo continuará. Mientras tanto, Estados Unidos todavía está llevando a cabo investigaciones bajo la Sección 301 sobre una supuesta "sobrecapacidad" que involucra a 16 economías.

Construir un mundo multipolar más igualitario y ordenado, y lograr una globalización económica más inclusiva, requerirá un largo viaje. Pero algo hay cada vez más preciso en el horizonte: más y más países están viendo claro el verdadero sentido de las tácticas arancelarias de Washington.

El autor es investigador asociado del Departamento de Estudios Estadounidenses del Instituto de Estudios Internacionales de China.

(Web editor: 周雨, Zhao Jian)