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Las relaciones económicas y comerciales entre China y la Unión Europea pueden alcanzar plenamente un equilibrio dinámico a través del desarrollo
Diario del Pueblo
China no es el origen de los problemas a los que se enfrenta la Unión Europea, sino un socio para resolverlos. Profundizar la cooperación y mantener consultas en pie de igualdad constituye la vía fundamental para resolver las diferencias y estabilizar el patrón del comercio bilateral.
Recientemente se celebró en Bruselas la primera reunión del Mecanismo de Consultas sobre Comercio e Inversión entre China y la Unión Europea. Ambas partes emitieron una declaración conjunta en la que alcanzaron un consenso sobre el nuevo posicionamiento de sus relaciones económicas y comerciales, definiéndose como socios comerciales estratégicos estables y equilibrados. En un contexto marcado por el auge del proteccionismo y por una profunda reestructuración del panorama económico y comercial mundial, China y la Unión Europea han vuelto a demostrar, mediante consultas institucionalizadas para abordar sus respectivas preocupaciones, que profundizar la cooperación y mantener consultas en condiciones de igualdad constituye la vía esencial para resolver las diferencias y estabilizar las relaciones comerciales bilaterales.
El recién creado Mecanismo de Consultas sobre Comercio e Inversión entre China y la Unión Europea cuenta con cuatro grupos de trabajo dedicados al equilibrio del comercio y la inversión, el control de las exportaciones, la propiedad intelectual y la reforma de la Organización Mundial del Comercio, abarcando así las principales preocupaciones de ambas partes. Además, ambas acordaron establecer un mecanismo conjunto de supervisión para intercambiar datos comerciales, monitorizar los flujos comerciales y desarrollar los correspondientes trabajos técnicos. Esta serie de medidas constructivas, destinadas a afrontar directamente las diferencias y gestionar las discrepancias, marca la entrada oficial del tratamiento de las divergencias comerciales entre China y la Unión Europea en una fase de institucionalización y normalización. Como señaló el diario alemán Handelsblatt, este mecanismo ofrece una vía estable y viable para que ambas partes resuelvan sus diferencias mediante la negociación y eviten una escalada continua de las medidas proteccionistas.
Desde hace algún tiempo, dentro de la Unión Europea ha cobrado fuerza el pensamiento proteccionista. Algunos políticos no han dejado de difundir argumentos infundados sobre el supuesto «desequilibrio comercial entre China y la UE», el «exceso de capacidad productiva» o la «competencia desleal», al tiempo que han elaborado narrativas erróneas como la denominada «China Shock 2.0» y han introducido sucesivamente medidas restrictivas en el ámbito económico y comercial, obstaculizando la cooperación normal entre ambas partes. En esencia, ello refleja tanto una percepción errónea de las relaciones económicas y comerciales entre China y la Unión Europea como una sensación de impotencia frente a las propias contradicciones estructurales de Europa.
Las percepciones erróneas deben corregirse con hechos, y las contradicciones estructurales deben afrontarse desde su raíz. Tomando como ejemplo el supuesto «exceso de capacidad productiva», las acusaciones europeas se basan en gran medida únicamente en el déficit del comercio de mercancías, ignorando deliberadamente el superávit existente en el comercio de servicios. Según las estadísticas chinas, en 2025 la Unión Europea registró un superávit de 48.300 millones de dólares en el comercio de servicios con China. Si se realiza una evaluación conjunta del comercio de mercancías y de servicios, el desequilibrio comercial global entre ambas partes se reduce considerablemente. Las dificultades que atraviesan determinados sectores industriales europeos tienen su origen en problemas estructurales internos. Los elevados costes energéticos, la inestabilidad de las políticas industriales y la insuficiente capacidad de innovación son los verdaderos factores que limitan el aumento de su competitividad. Recurrir a barreras proteccionistas para eludir la competencia equivale a calmar la sed con veneno: no hará sino agravar los problemas estructurales y perjudicar, en última instancia, el bienestar de los consumidores europeos y el potencial de desarrollo a largo plazo del continente.
El mercado no miente. La actual estructura del comercio entre China y la Unión Europea responde, en gran medida, a decisiones adoptadas libremente por las empresas en función de los costes, la eficiencia, el mercado y la seguridad de las cadenas de suministro. Según las estadísticas de la Asociación Europea de Fabricantes de Automóviles, en mayo de este año las ventas de vehículos de marcas chinas en Europa alcanzaron las 138.400 unidades, lo que supone un incremento interanual del 65 %. Este resultado es, en esencia, fruto de la elección del mercado y refleja la mejora constante de la competitividad de la industria china, sin relación alguna con la supuesta «competencia desleal». Numerosas personalidades europeas ya han advertido de que medidas proteccionistas como los aranceles no harán a Europa más fuerte, sino que únicamente retrasarán la transformación y el desarrollo de sus propias empresas.
China no es la causa de los problemas que afronta la Unión Europea, sino un socio para solucionarlos. China siempre ha estado dispuesta, con la mayor sinceridad, a resolver las diferencias mediante el diálogo, al tiempo que ha defendido firmemente sus legítimos derechos e intereses industriales y comerciales. La parte china ha reiterado en numerosas ocasiones que la esencia de las relaciones económicas y comerciales entre China y la Unión Europea reside en la complementariedad de ventajas y el beneficio mutuo, y que ambas partes no solo deben, sino que también pueden alcanzar un equilibrio dinámico en el proceso de desarrollo. China y la Unión Europea son mutuamente su segundo mayor socio comercial. En 2025, el comercio bilateral de mercancías alcanzó los 828.100 millones de dólares y el volumen acumulado de inversión recíproca superó los 280.000 millones de dólares. Desde la industria automovilística y las nuevas energías hasta la biomedicina y la maquinaria, las cadenas industriales y de suministro de ambas partes están profundamente integradas, sus ventajas son complementarias y sus mercados de oferta y demanda son interdependientes, conformando desde hace tiempo una comunidad de intereses en la que la prosperidad o el perjuicio de una parte repercute directamente en la otra. Jens Eskelund, presidente de la Cámara de Comercio de la Unión Europea en China, afirmó que China hace tiempo que dejó de ser únicamente un mercado rentable para las empresas europeas y se ha convertido en un eslabón indispensable de la cadena mundial de suministro. Para las empresas europeas, la clave para mantener su competitividad reside precisamente en integrarse en la división internacional del trabajo y en la cooperación global, y no en fragmentar artificialmente las cadenas industriales y de suministro.
Como dos de las principales potencias y mercados del mundo, la estabilidad de las relaciones económicas y comerciales entre China y la Unión Europea reviste una importancia global. En conjunto, sus economías representan más de un tercio del producto económico mundial y su comercio bilateral supone cerca de una cuarta parte del comercio global, desempeñando un papel fundamental en el impulso del crecimiento económico mundial. Los trenes de carga China-Europa han superado ya los 130.000 servicios acumulados, con un valor de mercancías superior a los 520.000 millones de dólares. No solo constituyen la principal arteria logística que conecta Asia y Europa, sino también un importante apoyo para mantener la estabilidad de las cadenas industriales y de suministro mundiales y mejorar el bienestar de la población de los países situados a lo largo de su recorrido. En la actualidad, el unilateralismo y el proteccionismo siguen perturbando el orden económico y comercial internacional, mientras que la reforma de la Organización Mundial del Comercio atraviesa un momento decisivo. En ámbitos relacionados con el bienestar común de la humanidad, como la gobernanza climática, el comercio digital o el desarrollo global, China y la Unión Europea comparten amplios intereses comunes y cuentan con un enorme potencial de cooperación.
El mecanismo de consultas ya se ha puesto en marcha, pero la verdadera prueba reside en si ambas partes serán capaces de avanzar en la misma dirección. Como socios estratégicos integrales, China y la Unión Europea deben atenerse a los principios de respeto mutuo, igualdad y beneficio recíproco para impulsar un desarrollo estable y duradero de sus relaciones económicas y comerciales. Ello no solo beneficiará a las empresas y a los ciudadanos de ambas partes, sino que también contribuirá a defender la equidad y la justicia internacionales, salvaguardar el orden económico y comercial mundial y promover conjuntamente la paz, la estabilidad y la prosperidad del mundo.


