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Actualizado a las 16:19(GMT+8), 21/08/2002
Opinión  

La segunda edición de la crisis financiera de Asia Oriental en América Latina

La crisis financiera está ejerciendo el efecto del dominó en América Latina. La que estalló en Argentina a finales del año pasado se ha propagado a Brasil y Uruguay. Tanto el real brasileño como el peso uruguayo se están depreciando en forma considerable. Su cotización con relación al dólar disminuyó en 19% y 14%, respectivamente, desde el pasado mes de julio. Las monedas de Colombia, Venezuela, Paraguay y Chile también sufren una tremenda depreciación. El Fondo Monetario Internacional no puede menos que comprometerse a prestar créditos de emergencia a Brasil y Argentina.

En comparación con la crisis financiera de Asia Oriental de hace cinco años, la actual crisis en América Latina es incluso peor.

La crisis financiera ha acarreado a Asia Oriental una crisis política y social de grado catastrófico. Afectados por la crisis financiera, varios países de esta región tuvieron graves conmociones sociales y cambios de régimen. El caso más serio fue el de Indonesia, donde se provocaron continuos choques interétnicos y disturbios sociales. Los matones descargaron su furia en los chinos naturalizados en ese país. Suharto, que mantuvo su dictadura durante treinta años, se vio obligado a abandonar el poder. De igual modo, la actual crisis financiera en América latina ha azotado rotundamente el régimen y la estabilidad social de varios países de la región. A fines de 2001, en Buenos Aires y otros lugares de Argentina se produjeron disturbios de gran escala, con treinta y tantas personas muertas. En dos semanas a partir de entonces fueron relevados cinco presidentes en Argentina, algo inaudito en la historia de los países del mundo. A finales de julio y comienzos de agosto de este año, en Uruguay, conocido como "pequeña Suiza en Sudamérica", aparecieron disturbios de hambre, en los que algunos supermercados y tiendas fueron asaltados.

Tal como en la crisis financiera de Asia Oriental, el "asesino" en la crisis financiera de América Latina es el capital extranjero, que se caracteriza por su volubilidad. Cuando se observan una situación económica desfavorable, conmociones políticas o cambios de política económica en países latinoamericanos, el capital extranjero (incluyendo empresas, bancos, inversores y depositantes bancarios extranjeros) retira sus fondos bajo el pretexto de falta de confianza en la inversión. Así que grandes cantidades de capitales, sobresaltados, fugan con rapidez, sumiendo en confusión y desorden el mercado financiero de América Latina, con la bolsa y mercado de divisas desvalijados. El año pasado fugaron de Argentina más de 20.000 millones de dólares, la mayor parte de los cuales fue de capital extranjero y más de 5.000 millones de dólares correspondieron a unas cuantas empresas y bancos grandes de España. El detonante de la crisis financiera de Uruguay consiste en que los depositantes argentinos en los bancos uruguayos irrumpieron en este último país a retirar su dinero, como consecuencia de lo cual los depositantes uruguayos hicieron lo mismo, produciendo una corrida en los bancos locales. Esto redujo drásticamente la reserva de divisas del Banco Central de Uruguay, que se vio obligado a anunciar un feriado bancario, el 30 de julio, para todos los bancos del país. Así fue como se provocó la crisis. La razón de la crisis financiera en Brasil fue más sencilla. Según un sondeo de opinión pública, dos candidatos de izquierda a las elecciones presidenciales recibieron cada uno un 30% de apoyo, por lo que los inversores extranjeros dudaron de la estabilidad de la situación política brasileña en el resto del año, temieron que pudieran suceder cambios en la política económica, incluidas las medidas relativas al endeudamiento, y perdieron rápidamente su confianza en la economía brasileña en el futuro.

Históricamente, parece que los países latinoamericanos difícilmente pueden escapar al destino de ser maniatados por el capital extranjero. Son fácilmente atacados por la crisis financiera. La seria crisis de deudas que tuvo lugar en la década de 1980 sumió el desarrollo económico de la región en una "década perdida". Más tarde, estallaron la crisis financiera de México en 1995 y de Brasil en 1999. Ahora reaparece la tragedia histórica. De acuerdo con estadísticas, durante los veinte años comprendidos entre 1980 y 2000 los ingresos per cápita de América Latina sólo aumentaron en 10%.

Desde la óptica de ciencias económicas, una vez pasada la crisis financiera y mejorada la situación económica, el capital extranjero vuelve a introducirse, creando una prosperidad momentánea y sembrando al mismo tiempo semillas de nuevas conmociones financieras: elevada tasa de cambio, pesada carga de deudas y déficit fiscal, que empeoran inadvertidamente la situación económica y facilitan el retorno de la crisis. Si bien los países de Asia Oriental han salido en su mayoría de la sombra de la crisis financiera de hace cinco años, consideran como espada de Dámocles la lección económica latinoamericana, ya que existe mucha similitud entre Asia Oriental y América Latina.

Los países de Asia Oriental, por suerte, no tienen tanta carga de deuda externa como los países latinoamericanos. En cambio, tienen un alto porcentaje de depósitos bancarios entre los nacionales. Y esto no es todo. Durante la crisis financiera en Asia Oriental, la economía estadounidense estuvo marchando hacia la cúspide, desempeñando el papel de motor para el crecimiento económico mundial. La rebaja en varias ocasiones de los tipos de interés por la Reserva Federal estimuló el consumo de los estadounidenses y ocasionó la prosperidad del mercado y el crecimiento económico de otras partes del mundo. Hoy en día, sin embargo, EE.UU. también forcejea en una seria depresión. El tipo de interés del Fondo Federal descendió al 1,75%, el nivel más bajo en más de 40 años. La economía de la UE y Japón igualmente carece de aliento. De suerte que es una incógnita cuánto tiempo deben soportar los países latinoamericanos para superar las dificultades en que se encuentran.

21/08/2002






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La crisis financiera está ejerciendo el efecto del dominó en América Latina. La que estalló en Argentina a finales del año pasado se ha propagado a Brasil y Uruguay. Tanto el real brasileño como el peso uruguayo se están depreciando en forma considerable. Su cotización con relación al dólar disminuyó en 19% y 14%, respectivamente, desde el pasado mes de julio. Las monedas de Colombia, Venezuela, Paraguay y Chile también sufren una tremenda depreciación. El Fondo Monetario Internacional no puede menos que comprometerse a prestar créditos de emergencia a Brasil y Argentina.



 


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