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Prioridad ecológica nacional: luego de controlar el avance de la arena, comienza el trabajo más difícil en el desierto de Maowusu

Shi Jianyang (a la izquierda) y su abuelo comprueban el crecimiento de los cultivos en una tierra cerca de una zona forestal a lo largo del desierto de Maowusu, en la provincia de Shaanxi, año 2026. (Foto: Xinhua)
Un dron sobrevuela el bosque de pinos, enviando imágenes de la arboleda a una pantalla situada abajo. Bajo los árboles se encuentra Shi Jianyang, cuyo abuelo y cientos de aldeanos llegaron hace 40 años con palas y árboles jóvenes para detener el avance de la arena.
A sus 29 años, Shi pertenece a una nueva generación de trabajadores de control de desiertos equipados con drones, maquinaria y sistemas de riego remotos. Una barrena de tierra puede hacer hoy en un día lo que antes requería unos 200 jornaleros, mientras que un solo teléfono puede controlar el riego por goteo en más de 1.000 mu (unas 66,67 hectáreas) de superficie forestal.
Para la generación del mayor de los Shi, el desafío era lograr que los árboles sobrevivieran en dunas móviles. El nieto trabaja en lograr que esos bosques sean más saludables y resilientes durante las próximas décadas.
Su historia refleja un cambio más amplio en el control de la desertificación a lo largo del borde sur del desierto de Maowusu, en la provincia noroccidental china de Shaanxi: convertir la arena movediza en bosque fue apenas el principio.
En 1986, Shi Guangyin, el abuelo de Shi Jianyang, dirigió a más de 300 aldeanos a Langwosha, una zona de arenales en el distrito de Dingbian, en la ciudad de Yulin. Había conseguido 60.000 yuanes (unos 17.377 dólares estadounidenses de la época) vendiendo las 84 ovejas de su familia y pidiendo préstamos a familiares y bancos para contratar 3.500 mu de terreno arenoso estéril.
Los reveses iniciales fueron graves. Los fuertes vientos destruyeron alrededor del 90 por ciento de los plantones durante el primer año, y cerca del 80 por ciento de los sembrados no sobrevivieron al año siguiente.
Tras pedir consejo a expertos forestales, Shi y los aldeanos dispusieron barreras en forma de tablero de ajedrez en las laderas orientadas al viento para fijar la arena y, a continuación, plantaron árboles, arbustos y gramíneas dentro de ellas. Las tasas de supervivencia de los árboles jóvenes aumentaron hasta aproximadamente el 80 por ciento.
Durante las cuatro décadas siguientes, Shi y quienes trabajaron junto a él trataron 250.000 mu de tierras arenosas y salino-alcalinas, logrando que arraigaran más de 53 millones de árboles y arbustos.
Forestar el desierto de Maowusu forma parte de una empresa nacional mucho mayor. Es uno de los tres grandes frentes del Programa de Franjas Protectoras de los Tres Norte de China, un esfuerzo de décadas para frenar la desertificación en el norte del país.
China ha convertido el control de la desertificación en una prioridad ecológica nacional. Desde 2023, el país ha intensificado los esfuerzos en el marco del programa, poniendo mayor énfasis en la restauración sistemática y en la consolidación de los logros anteriores.
Décadas después de que arraigaran los primeros árboles, surgió un nuevo desafío. Los álamos plantados hace décadas por su rápido crecimiento comenzaron a llegar al final de su ciclo de vida, muriendo un gran número, mientras que los bosques dominados por una sola especie eran más vulnerables a las plagas y enfermedades.
Crear un bosque fue un reto. Mantenerlo sano durante otra generación es otro diferente.
Shi Jianyang creció viendo a su abuelo y a su padre trabajar para contener la arena. Su padre, Shi Zhanjun, pasó años plantando árboles junto a Shi Guangyin antes de morir en un accidente de tráfico en 2008 mientras transportaba brotes.
De niño, Shi Jianyang llegó a resentir el trabajo que le había arrebatado a su padre. Pasaba las vacaciones de verano en tiendas de campaña improvisadas en el terreno arenoso, comiendo platos con arena. Durante la época de plantación, su padre volvía a casa con dolorosas ampollas en la boca.
Sin embargo, al final él también eligió la silvicultura.
Tras estudiar tecnología forestal en la universidad, Shi regresó a casa en 2020 y comenzó a trabajar en el control de desiertos. Su equipo, compuesto inicialmente por solo siete u ocho jóvenes locales, incorporó más tarde a graduados universitarios con experiencia en edafología, paisajismo y control de plagas.
La generación más joven se enfrentaba a una cuestión diferente: no simplemente cómo hacer que los árboles sobrevivan, sino cómo hacer que un bosque perdure.
Shi y su equipo pasaron más de 40 días en una zona forestal de 5.000 mu estableciendo parcelas de muestreo, midiendo las precipitaciones, estudiando los microorganismos del suelo y registrando la inclinación de los árboles. Propusieron renovar los bosques envejecidos con estructuras forestales mejor planificadas y ampliaron la plantación de pino de Mongolia, una especie perenne de larga vida que se había probado con éxito a nivel local.

Shi Jianyang (a la derecha) y su abuelo comprueban el crecimiento de los árboles en una zona forestal de Dingbian, en Yulin, provincia de Shaanxi, año 2026.
Hasta la fecha, se han plantado unos 50.000 mu de terreno con pino de Mongolia. Dado que algunos árboles no sobreviven y requieren sustitución en las temporadas de plantación posteriores, la superficie acumulada de operaciones de plantación ha alcanzado unos 65.000 mu.
La tecnología también ha cambiado el trabajo diario. Los drones patrullan los bosques desde el aire, la maquinaria cava los hoyos de plantación y el riego se puede gestionar de forma remota. Las tasas de supervivencia de los plantones, que la generación de Shi Guangyin había elevado a cerca del 80 por ciento mediante mejores métodos de plantación y control de arena, han subido aún más hasta aproximadamente el 92 por ciento con una mayor mecanización y una gestión más precisa.
Shi señala que los cambios se perciben sobre el terreno. Las fuertes tormentas de arena se han vuelto raras, los vientos son más débiles dentro del bosque y el suelo se mantiene húmedo durante más tiempo después de la lluvia. Los días de verano bajo los árboles también se sienten más frescos, mientras que el rocío matutino aparece con más frecuencia. Estos cambios le llevan a replantearse el control de los desiertos.
Su enfoque también refleja un esfuerzo más amplio en las regiones desérticas de China para vincular la restauración ecológica con los medios de vida locales, dando a las comunidades una mayor participación económica en la protección de las tierras restauradas.
Con el apoyo de su abuelo, Shi y su equipo han estado buscando formas de aprovechar mejor la tierra restaurada a medida que mejoran las condiciones ecológicas. Han desarrollado plántulas de patata adaptadas al suelo arenoso, promovido la agricultura en invernaderos y creado una cooperativa ganadera, al tiempo que cultivan cada vez más patatas, sandías y pimientos en tierras antes propensas a perder agua y nutrientes.
Shi también ha recurrido al comercio electrónico mediante transmisiones en vivo para comercializar patatas y otros productos agrícolas locales, al tiempo que desarrolla proyectos de salud y ocio basados en los bosques. Más de 2.000 residentes locales han visto sus ingresos aumentar de manera constante gracias a la agricultura, la ganadería y otros negocios afines.
"Antes temíamos a la arena y nos alejábamos de ella. Ahora la entendemos y sabemos cómo aprovecharla", afirmó Shi Guangyin. "Hoy en día hay oportunidades para ganarse la vida en todas partes en esta tierra arenosa".
En todo Yulin, la cobertura forestal ha aumentado del 1,8 por ciento en 1949 al 34,8 por ciento, mientras que las dunas móviles que antaño invadían las aldeas han quedado bajo control.
Para Shi Jianyang,el paisaje verde no es prueba de que el trabajo haya terminado.
"Plantar un árbol no es difícil", afirma. "Lo difícil es cuidarlo durante décadas".
La generación de los abuelos aprendió a detener la arena. La generación joven está aprendiendo a hacer que lo que creció allí pueda perdurar.


