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Vecina solidaria ofrece cantina comunitaria para ancianos que sufren el "nido vacío" en un pueblo de Shaanxi

Yue Aping entrega un tazón de fideos a un anciano en Xinzhuang, NuevaÁrea de Xixian, provincia de Shaanxi. (Foto: Zhao Hua/ China Daily)
De lunes a sábado a las 11:30 a.m., Yue Aping, de 47 años, conduce una furgoneta de tres ruedas por los callejones del pueblo de Xinzhuang, anunciando algo muy simple: "El almuerzo está listo. Traigan sus tazones."
Para los residentes mayores del pueblo, muchos de ellos con 70 y 80 años de vida, o con movilidad reducida, la cantina móvil de Yue proporciona su única comida caliente y balanceada de todo el día. El costo es simbólico: 2 yuanes (0,28 dólares), un precio tan por debajo del mercado que la operación le genera déficit. El resto, Yue lo saca de su propio bolsillo.
Xinzhuang, situado dentro de la Nueva Área de Xixian, en las afueras de Xi'an, provincia de Shaanxi, refleja el fenómeno de los "nidos vacíos" de la China rural. Los hijos adultos de estos ancianos que emigraron a centros urbanos para trabajar en manufactura y empresas, envian constantes remesas para garantizar que las neveras de sus padres permanezcan abastecidas de carne y productos, pero el aislamiento de la vida rural ha creado una brecha nutricional inesperada.
Yue nunca tuvo la intención de convertirse en la cocinera del pueblo. El año pasado, mientras su hija se preparaba para presentar el importante examen de ingreso a la secundaria, Yue cerró temporalmente su casa de té en Tianshui, provincia de Gansu, para brindarle más apoyo. Entonces dirigió su atención hacia la gestión de su otro negocio en Xianyang, una ciudad cercana a Xi'an, que puede operar sin tener que estar presente de forma constante.
Después de dejar a su hija en la escuela por la mañana, ella estaba libre. Yue necesitaba encontrar algo que hacer. Ella encontró la respuesta en el pueblo de Xinzhuang, donde creció, ubicado a unos cinco kilómetros de su actual apartamento en Xianyang. En medio de las renovaciones de la antigua casa de sus padres difuntos, se encontró con algunos ancianos del lugar que ella conocía de su infancia. Los recordaba fuertes, pero ahora estaban encorvados.
"Realmente me impactó. A veces hablaba con ellos y pensaba en mis propios padres", recuerda Yue.
Con el tiempo, pudo conocer la forma en que comían. Yue observó que los ancianos que viven solos, o con su esposo o esposa, tienden a limitar la preparación de la comida.
"Por ejemplo, hacían una olla de gachas y calculaban mal la cantidad. La recalentaban y la comían repetidamente, lo cual es un estilo de vida poco saludable, pero no desechaban la comida", detalla.
Entonces vio un video en su teléfono. A unos 70 km de distancia, un secretario del Partido Comunista de China (PCCh) llamado Pang Fuqiang entregaba comidas en su comunidad por dos yuanes a las personas mayores. El clip que llamó su atención mostraba a un hombre de voz potente, gritando bajo la lluvia, avanzando con la comida en las manos.
"Un hombre que ni siquiera tenía parentezco con estos ancianos, desafiaba al viento y a la lluvia para que ellos comieran. Me conmovió mucho", afirmó Yue.
Yue se preguntó si alguien en su pueblo natal estaba realizando un esfuerzo similar. Ella lo contactaría con la intención de ofrecer su ayuda. Sin embargo, descubrió que nadie lo hacía.
En octubre del año pasado, encendió una estufa en su patio para iniciar la cantina comunitaria. Para aquellos ancianos que no pueden ir a buscarla, Yue se las entrega en la puerta de su casa.
Cuando comenzó, la cantina comunitaria beneficiaba a 60 personas. Ella tenía que abonar 5,000 yuanes para los gastos mensuales.
“Hoy en día no tengo que pagar tanto. Hay donaciones de muchas personas que alivian la tarea”, asegura ella.
Un vecino le regaló 10 kilos de cerdo. Otro compró una oveja entera. Desconocidos dejan dejan verduras ante su puerta. Asimismo, la federación de mujeres la conectó con una empresa que donó equipos de cocina por un valor de 20,000 yuanes.
El pueblo está construyéndole ahora un cobertizo de acero de 50 m².para que Yue disponga de una cocina más grande y lograr que los equipos donados puedan muy pronto ser utilizados. Su cocina apenas tiene 20 m².
Unido a ello, hay cuatro mujeres del pueblo, de aproximadamente setenta años, que vienen todos los días para ayudar a lavar verduras, picar ingredientes, dejar reposar la masa y fregar las ollas.
“Trabajan con rigor, pero lo hacen gratis. Ellas creen que aunque algunos prefieren donar dinero a los templos para ganar un buen karma, venir aquí y servir a la comunidad es realmente una forma más efectiva de ganar un buen karma'”, asegura Yue.
Los comensales siempre se preocupan por Yue. Cuando ella prepara algo que necesita mucha elaboración como roujiamo, que es un pan plano relleno de carne; o una sopa adicional, le piden que no se esfuerce demasiado.
"Solo haznos fideos simples. No te agotes", le ruegan a Yue, y nunca han criticado el sabor de su comida.
"A veces la sopa me ha quedado demasiado salada. Sin embargo, solo me elogiaron y para ellos estaba perfecta", subraya Yue.
La sobrina de Yue, que se casó en un hombre del pueblo vecino, viene a grabar el almuerzo diario y publica los videos en línea, atrayendo la atención mucho más allá de Xinzhuang.
"Vi a mi abuela en tu video. Gracias por cuidar de ella", comentó un usuario en su cuenta de Douyin.
Un hombre cuyo padre come en la cantina de Yue le envió un mensaje: "Gracias por cuidar de mi papá. Puedo trabajar fuera y no preocuparme. Cuando vuelva a casa para el Festival de Primavera, te visitaré".
"Nunca he conocido a estas personas, pero ven a sus padres y abuelos almorzar a través de mis videos. Sus palabras son parte de la razón que me mantiene motivada".
Los aldeanos también la animan.
"Algunos solo pasan a saludar y ver cómo estoy, y otros me traen algunas verduras o cositas".
Aunque la cantina de Yue todavía funciona con pérdidas, ella asegura que ha dejado de preocuparse por las ganancias o pérdidas personales.
"Si me preocupara por los costos como lo haría un empresario, escatimarías en usar lo bueno y limitaría el aceite, por ejemplo", sostiene Yue.
"En este momento, atendemos principalmente a personas de 70 años en adelante, y a discapacitados. Una vez que las cosas mejoren, bajaremos a 60 años la edad para los nuevos benefiaciados”,
“Sé que hay más personas que necesitan nuestra ayuda. Mientras me necesiten, aquí estaré", prometió Yue.


