El 11 de septiembre de 2005 marca el cuarto aniversario de los atentados terroristas contra Estados Unidos en 2001 y también el inicio del cuarto año que atraviesa la "Guerra contra el Terror" iniciada por Estados Unidos.
La guerra antiterrorismo, pese a que facilitó la reelección del presidente George W. Bush, no ha logrado mucho progreso desde el año pasado.
Mientras las tropas norteamericanas se hunden cada vez más en los pantanos de Irak y Afganistán, y el pueblo de EEUU y sus aliados han sido alertados, con frecuencia, por las amenazas de ataques de Al Qaeda y otro sgrupos terroristas, el público e intelectuales estadounidenses no pudieron menos de preocuparse del futuro de esta guerra.
Actualmente, Estados Unidos está sufriendo de un elevado número de bajas y afrontando más problemas en Irak y Afganistán. En este último, el derrocado Talibán y Al Qaeda están volviendo a la escena, lo que hace casi imposible prevenir cualquier ataque terrorista.
En Irak, la era pos-Saddam está viviendo una situación de seguridad cada día empeorada, ferroces luchas por el poder entre los partidos políticos, y un difícil inicio de la reconstrucción del país.
Michele Flournoy, experto del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de EEUU, la "Guerra contra el terrorismo" del país ha logrado algún progreso, pero aún no llega al grado para que el gobierno estadounidense se jacte.
Después de los ataques de 11-S, el gobierno estadounidense impulsa gradualmente una estrategia caracterizada por el unilateralismo y ataques preventivos, la cual se ha convertido en la estrategia de seguridad nacional y orientaciones en el combate del terrorismo.
Sin embargo, la estrategia no ha sido probada factible. Aunque es fácil derrocar el régimen de Saddam Hussein recurriendo a la guerra, el gobierno de Washington tropezó luego en el proceso de ayudar la construcción de un "Irak democrático y libre", debido a la falta de un respaldo fuerte de las Naciones Unidas y la comunidad internacional en general, ni con el entendimiento y la cooperación del pueblo iraquí.
Como resultado, la administración Bush ha de "bajar la expectativa de Irak", según comentó el 14 de agosto el diario The Washington Post.
Al presionar la aplicación de su estrategia de ataques preventivos, la Casa Blanca primero apuntó a los llamados países del "eje del mal" -- Irak, Irán y la República Popular Democrática de Corea --, medida que sólo se cobró muchos reveses.
Mientras el proceso de reconstrucción en Irak también ha sufrido altibajos, Washinton se vio obligado a apoyar las negociaciones diplomáticas de la Unión Euroepa con Irán, ya que no ha logrado mucho la posición de línea dura que mantenía sobre el tema nuclear iraní.
Todo esto demuestra que, con el fin de ganar la guerra antiterrorismo, no basta con la captura de los terrorisas, la administración estadounidense debe llegar a la raíz del terrorismo para hallar la solución.
Es obvio que sólo se puede ganar la guerra contra el terrorismo, a través de aliviar la pobreza y eliminar las condiciones política, económica y social que alimentan el terrorismo y el extremismo, y con una cooperación estrecha con el resto de la comunidad internacional bajo el liderazgo de la ONU. (Xinhua)
12/09/2005