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Actualizado a las 2011:09:01.14:51

La OTAN tiene poco que celebrar

Por An Huihou

El 31 de julio, el secretario británico de Defensa, Liam Fox, dijo que las fuerzas rebeldes libias "tienen un limitado potencial para mantener posiciones", mientras que el francés Gerard Longuet, ministro de Defensa, dijo a los periodistas que su efectivos estaban preparados para un "conflicto prolongado". Pero después de sólo tres semanas, las fuerzas rebeldes entraron en Trípoli. No hay duda de que lo lograron con el gran apoyo de las potencias occidentales.

De acuerdo con el diario The New York Times, países europeos como el Reino Unido y Francia enviaron a sus fuerzas especiales para entrenar a los rebeldes en Libia. Fue una decisión que, según CNN, que citó a un funcionario de la OTAN, ayudó a los rebeldes ganar notable fuerza en tan poco tiempo. De hecho, el 23 de agosto, Longuet admitió haber enviado armas y "personal técnico" a Libia.

Además de ayudar a los rebeldes de Libia en todas las formas posibles, los países occidentales también sobornaron a algunos de los funcionarios de Muamar Gadafi, lo mismo que hizo Estados Unidos con las autoridades de Irak, antes de invadir ese país en 2003.

En vez de demostrar la fuerza de la OTAN, la toma de Trípoli ha puesto de manifiesto sus deficiencias y debilidades. Bajo el nutrido fuego de aviones de la OTAN, las tropas de Gadafi con armas no tan modernas se mantuvieron firmes durante cinco meses, obligando a las potencias occidentales a intervenir directamente. Como bien señalaron con anterioridad algunos periódicos occidentales, pierda o no Gadafi su poder, la alianza occidental ya es un perdedor, por desperdiciar enormes cantidades de dinero de los contribuyentes.

La situación en Libia se puede describir, para citar una frase que suelen usarse en el ámbito del la OTAN, como un "éxito catastrófico". El desaguisado en Libia tiene todos los síntomas de convertirse en un dolor de cabeza persistente para los líderes en Bruselas y Washington.
Además, la guerra civil ha intensificado la rivalidad tribal en Libia, donde los choques políticos intestinos han primado por mucho tiempo. Es probable que las tribus que apoyaron a Gadafi no se crucen de brazos, según se establecen las nuevas reglas del juego de poder. Muchos observadores temen que Libia podría devenir una nueva Somalia, o Irak. Tal posibilidad no será en modo alguno buena noticia para las potencias occidentales. La experiencia nos dice que resulta fácil que un país con mayoría de población musulmana sea presa de los extremistas islámicos, y en la Libia post-Gadafi esta posibilidad resulta más que cierta .

La primera década del siglo XXI ha sido testigo de cómo EEUU ha liderado a las fuerzas occidentales en dos guerras para derrocar a dos regímenes, Afganistán en 2001 e Irak en 2003. Lo lograron, sí, pero ¿puede considerarse Occidente un verdadero vencedor? La guerra en Irak fue el punto de inflexión para la hegemonía de EEUU, y los diez años de guerra en Afganistán han colocado a EEUU y sus aliados en un dilema. Libia, también, es un mal ejemplo de intervención occidental en los países en desarrollo.
Por mucho tiempo, China ha abogado por acudir a las negociaciones para resolver los problemas políticos, y siempre se ha opuesto a la intervención extranjera en cualquier país. China respeta la opción del pueblo libio y está dispuesta a desempeñar un papel en la reconstrucción de su país pues, independientemente de lo que ocurra en esa nación norafricana, China siempre será un amigo del pueblo libio.(Pueblo en Línea)

01/09/2011

El autor es un investigador de la Fundación de Estudios Internacionales de Beijing y ex embajador de China en Argelia, Túnez, Líbano y Egipto.

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