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Actualizado a las 2011:09:01.11:03

Relaciones entre China y Filipinas deben mirar al futuro

Por Chen Qinghong

El 30 de agosto, el presidente de Filipinas, Benigno Aquino III, encabezó una enorme comitiva de aproximadamente 300 personas, en lo que es una primera visita a China desde que asumió el cargo. En el último año, a pesar de los altibajos de las relaciones chino-filipinas, existe una amistad profunda y una base de cooperación muy amplia entre ambos países. En un contexto histórico en el que la paz y el desarrollo son temas importantísimos, China y Filipinas deben considerar sus relaciones desde una perspectiva estratégica y a largo plazo, en pos de un desarrollo común.

Históricamente, la amistad entre los dos países data de un largo tiempo. Ya en la dinastía Tang, residentes de las costas chinas llegaron hasta Filipinas movidos por el deseo de curiosidad, aventura, comercio o quizás solamente forzados por las tormentas. Llegada la dinastía Tang, luego de establecerse la División Marítima de Quanzhou en la provincia de Fujian, los intercambios comerciales entre ambos países se hicieron más frecuentes, e incluso muchos chinos se establecieron en Filipinas, contrajeron matrimonio y se mezclaron en la sociedad local. Actualmente, los chinos-filipinos representan el 10% de la población, mientras que es imposible calcular con certeza el porcentaje de filipinos que tienen rastros de origen chino. Sin duda, éstos juegan un papel importante en la vida económica y social de Filipinas. De hecho, el presidente actual tiene sangre china. Su madre, la ex presidenta Corazón Aquino, era bisnieta de Xu Yuhuan, natural de Zhangzhou, provincia de Fujian. Durante su presidencia, Corazón Aquino visitó el pueblo ancestral de su familia e incluso plantó una Araucaria en representación de la larga y profunda amistad entre China y Filipinas.

En los tiempos modernos, ambos pueblos sufrieron la agresión y la opresión del imperialismo y del colonialismo de las potencias extranjeras. Por eso existe una gran simpatía entre los dos países, un apoyo recíproco y una lucha mancomunada en contra de los enemigos. En junio de 1898, el pionero de la revolución China, Sun Yat-sen, se reunió en Tokio con filipinos de nobles ideales y les ayudó a comprar armas y municiones. Algunos chinos-filipinos como Wang Bin y Liu Hengfu, entre otros, se convirtieron en personajes famosos de la resistencia contra el colonialismo español. Cuando el Japón invadió China, el pueblo filipino protestó en multitudes, recaudó fondos y ayudó a China en su lucha de resistencia contra el Japón. A su vez, cuando Japón invadió Filipinas, muchos chinos-filipinos participaron de las guerrillas contra la ocupación y lucharon a la par de los soldados filipinos. Luego de la Segunda Guerra Mundial, la relación entre los dos países se vio obstaculizada a raíz de la Guerra Fría. Pero en 1975, se reanudó el trato diplomático y las relaciones bilaterales se desarrollaron a pasos agigantados. Durante la presidencia de la madre de Aquino III, Corazón Aquino, las relaciones entre ambos países consiguieron un progreso considerable.

Luego de un periodo colonial o semi-colonial, Filipinas y China se han convertido en países en vías de desarrollo que enfrentan la gran y difícil tarea de desarrollar la economía y mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos. Entrado el siglo XXI, las relaciones bilaterales han experimentado un gran impulso de desarrollo. En el 2005, al festejar los 30 años de la reanudación de relaciones bilaterales, los mandatarios de China y Filipinas han expresado unánimemente su acuerdo por establecer una relación de cooperación estratégica de paz y desarrollo. En el 2010, el volumen del comercio entre ambos países alcanzó los 27.700 millones de dólares estadounidenses. En la actualidad, China es el tercer socio comercial de Filipinas. Mientras la crisis de la deuda en Europa y Estados Unidos sigue afectando las perspectivas de recuperación económica a nivel mundial, desarrollar la economía y mejorar la calidad de vida de los habitantes siguen siendo una tarea sumamente ardua tanto para China como para Filipinas. Para ello, ambos países deben desarrollar aún más lazos de cooperación económica práctica, aumentar el ámbito de la cooperación, aprovechar las ventajas de la complementariedad entre ambos países y traducir los resultados de la cooperación en un cambio real en la vida del pueblo.

China y Filipinas son vecinos cercanos no sólo en la geografía, sino también en la historia, la cultura, e incluso a través de sus lazos sanguíneos. Así, una base sólida podrá ayudar a sostener el desarrollo futuro de ambos países. Como dijo el presidente Aquino, aunque existen disputas en cuanto al Mar del Sur, hasta los matrimonios de 50 años también deben continuar conociéndose. Con la gran premisa de un desarrollo en común, ambos países resolverán el problema del Mar del Sur de una manera pacífica y que tenga en cuenta el desarrollo.

Sobre la base de las relaciones especiales entre estos dos parientes lejanos, pero vecinos tan cercanos, Filipinas y China deben pararse en una posición estratégica, mirar con una perspectiva a largo plazo, tratar adecuadamente las disputas del Mar del Sur, promover la cooperación económica y comercial, y poner en sintonía los sentimientos de ambos pueblos. Por mientras, los habitantes del pueblo de Hongjian, en Zhangzhou, provincia de Fujian, esperan ansiosamente la llegada del presidente Aquino.(Pueblo en Línea)

01/09/2011

(El autor es investigador asistente del Centro de Investigaciones de Asia Meridional, Sudeste Asiático y Oceanía del Instituto de Relaciones Internacionales Contemporáneas de China)




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