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Actualizado a las 2011:08:11.17:08

Los intelectuales necesitan un pensamiento independiente

Por Zhu Yuan

Se ha dicho que Europa tiene dos tipos de intelectuales, que tienen puntos de vista completamente diferentes sobre el modo en que se debe gobernar a los países europeos. Los que sueñan con la utopía que heredaron de sus antepasados del siglo XVIII y se esfuerzan por una sociedad más justa basada en los derechos humanos y la justicia, y los que creen que el capitalismo, respaldado por la ciencia y la tecnología, traerá la prosperidad, la paz y todas las cosas buenas del mundo.

Existe una situación similar en China. Tenemos dos tipos similares de intelectuales, los cuales sustentan puntos de vista opuestos sobre el enfoque del desarrollo.

Tras la puesta en vigor de la reforma económica y la apertura a finales de los años 70, la mayoría de los intelectuales chinos abrazaron las ideas del mundo exterior, de los países desarrollados en particular. Este sector social se vio reprimido por la ideología de la lucha de clases predominante en otros tiempos, y con la apertura les llegó la oportunidad de probar un nuevo pensamiento.

El progreso económico de las últimas tres décadas no tiene precedentes y el el hecho de que China sea hoy la segunda economía del mundo parece demostrar la nulidad de aquel debate ideológico sobre si China debía tomar un camino socialista o capitalista. Deng Xiaoping dijo una vez que el desarrollo es el principio fundamental que China debía cumplir. Sin embargo, la dicotomía de la percepción que existe entre los intelectuales sobre el enfoque del desarrollo es diferente. No tiene nada que ver con la ideología en el sentido antiguo, sino que se refiere a la calidad del desarrollo, o si el desarrollo es sostenible.

Todo apunta a que el debate entre estos dos tipos de intelectuales es saludable, pero hay un tercer tipo de intelectual en este país que es profundamente preocupante. Ellos son los que trocan su independencia por un plato de lentejas a la hora de emitir juicios y se someten al criterio de las autoridades, o de algún grupo de interés particular. Como resultado, a menudo vierten comentarios que van contra el sentido común. Pongamos como ejemplo el alto riesgo que supone la inflación. Algunos economistas concluirán sin ningún tipo de pruebas convincentes que no hay ningún riesgo, o que el riesgo está bajo control. Esto es peligroso cuando se trata de confeccionar un discurso sobre asuntos tan serios.

Los otros dos tipos, sin importar cuán extremo pueda ser su punto de vista, son sinceros y dicen exactamente lo que piensan. Existe incluso la posibilidad de que puedan cambiar su punto de vista si se demuestra lo contrario. El tercer tipo, sin embargo, sólo dice lo que piensan que otros quieren escuchar, con el fin de promover sus propios intereses. En otras palabras, su pensamiento se ve comprometido por la tentación del poder político o económico.

No es fácil que los intelectuales se adhieran a sus principios frente a las tentaciones de estatus y el dinero. Pero debemos exigirles que lo hagan, ya que son la conciencia social del país, y su independencia es la columna vertebral moral de la sociedad. (Pueblo en Línea)

11/08/2011


El autor es redactor principal del periódico China Daily.


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