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Actualizado a las 2011:06:10.10:56

Yemen se desliza hacia la guerra civil

Por Huang Peizhao

Después de que el presidente de Yemen, Ali Abdullah Saleh, viajara a Arabia Saudí para recibir atención médica, la situación del país del mar Rojo se ha mantenido tensa y complicada: las partes en conficto no cesan sus cruentos enfrentamientos, a la vez que la organización Al Qaeda intensifica sus actividades... Todo presagia la posibilidad de que el país se deslice hacia una guerra civil.

La posibilidad de que Saleh pueda regresar al país ha sido el foco de atención desde entonces. A pesar de su ausencia, no ha dejado de fungir como mandatario de Yemen. El viceprsidente y otros dignatarios han declarado enfáticamente que Saleh regresará pronto. Los familiares y otros parientes de Saleh y el comandante del ejército gubernamental todavía permanecen en el país y desean la vuelta del primer magistrado, para que éste siga gobernando y manteniendo intacta la actual estructura de intereses. Sin embargo, sus perspectivas de retorno son vagas y remotas. EEUU ha declarado que la actual coyuntura es la ideal para la transmisión de poder. Arabia Saudí, socio regional de Yemen, intenta trabajar en coordinación estratégica con EEUU y promover la mediación del Consejo de Cooperación del Golfo. Es posible que Arabia Saudí aconseje a Saleh abandonar el poder como salida honorable, para retirarse a una vida pacífica en suelo extranjero.

Sin embargo, más allá de que Saleh regrese o no a su país, la esencia del problema reside en que las puertas yamenitas se abren poco a poco a una situación caótica. Existen múltiples contradicciones sociales difíciles de resolver: las fuerzas representantes de los intereses de las minorías étnicas chiíes en las zonas fronterizas septendrionales colindantes con Arabia Saudí llevan años sublevadas, en medio del ambiente separatista que predomina en las remotas provincias meridionales de lo una vez fue la República Popular Democrática de Yemen (Yemen del Sur). Además, Yemen es un país compuesto por tribus, muchas de las cuales están lejos de haber alcanzado la modernización y entre las cuales abunda el analfabetismo. Las tribus han puesto sus propios intereses por encima de los estatales, lo que da pie a una situación de constante caos en el país. Súmese a ello que pululan las armas en las zonas tribales, lo que ha agravado la situación.

Tan complicado es el panorama local que ni los mismos protagoniostas del conflicto logran discernir a ciencia cierta qué ocurre. Es difícil catalogar lo que está pasando como enfrentamiento entre democracia y totalitarismo, ni definirlo como braceada entre el partido gobernante y la oposición, ni tampoco choques entre la familia Saleh y la más numerosa de las tribus, la Hasidim. Nada parece claro en el Yemen de hoy. Como bien dijo Saleh, quien ha gobernado el país durante 30 años, tratar de dominar a Yemen es como “bailar sobre cabezas de serpientes”. La caótica situación del país refleja su no menos confuso mosaico político.

Yemen ha sido calificado por la ONU entre los países más subdesarrollados, con una economía en recesión permanente, a lo que se suman la miserable vida de su pueblo y la grave polarización entre adinerados y necesitados. Todo ello ha constituido terreno fértil para la prédica de Al Qaeda. Actualmente, Yemen es su base de operaciones en la península Arábiga. Recientemente, la organización declaró que fundará un emirato islámico en el Sur de Yemen. Además de participar en los enfrentamientos entre las autoridades centrales y las locales y las fuerzas armadas tribales, Al Qaeda en Yemen también tiene una presencia cada vez mayor en la contienda armada contra el poder de Sana.

En árabe, “Yemen” significa “tierra de felicidad y fortuna”. Al mencionar el país, los árabes solían calificarlo como “Yemen feliz”. Sin embargo, el otrora territorio promisorio se adentra cada vez más en las fauces de la guerra civil, que pudiera concluir en una verdadera carnicería. Contra designios tan agoreros se impone levantar los esfuerzos por la paz respaldados por tantas personas de buena fe, que no han dejado de creer en la posibilidad de que Yemen sea algún día una tierra de felicidad. (Pueblo en Línea)

09/06/2011

(El autor del artículo Huang Peizhao es corresponsal jefe de la oficina del Diario del Pueblo en Medio Oriente)

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