Actualizado a las 2008:06:20.15:09

La política diplomática del próximo presidente de los EE.UU.

En 1964, el senador Barry Goldwater declaró que su nominación como candidato a la presidencia de los EE.UU. por el partido republicano garantizaba que sus votantes tendrían “una opción, no un eco”.

Ahora que parece claro que Barack Obama y John McCain se convertirán en los principales candidatos a las elecciones presidenciales de 2008, los analistas están intentando determinar cuál es la postura de cada uno de ellos en asuntos críticos de política internacional.

¿Ofrecen a los norteamericanos una opción genuina, o difieren sólo de manera marginal?

Con respecto a las relaciones chino-americanas, los dos candidatos parecen casi idénticos.

Por ejemplo, Obama y McCain han prometido respetar la política de una sola China, y desean una “relación constructiva” con Beijing.

Ambos candidatos prometen ser “más duros” en las disputas comerciales, pero ninguno de ellos considera a China como un enemigo. Quizás resulte sintomático de la estabilidad que caracteriza actualmente los lazos bilaterales el hecho de que las relaciones entre los dos países reciban ahora limitada atención por parte de ambos lados.

Independientemente de quién resulte elegido presidente, se podría anticipar que habrá pocos cambios significativos en las relaciones de EE.UU. con China.

Sin duda, el asunto más importante en política internacional durante las elecciones presidenciales estadounidenses de 2008 lo constituye la política en torno a Irak. Ambos candidatos han criticado el modo en que la administración Bush ha manejado la guerra, pero ahí terminan las similitudes.

McCain asegura que los llamamientos a la retirada militar norteamericana de Irak son “imprudentes” e “ingenuos”, y que semejante medida crearía un “estado fracasado” que se podría convertir en refugio para grupos terroristas.

El senador sostiene que Irán podría sacar partido del “vacío de poder” que seguiría a la retirada, y/o que la pugna por la influencia en Irak entre los estados vecinos podría desencadenar un conflicto regional.

Dado el panorama, McCain advierte que los Estados Unidos se verían forzados a regresar a la región para restaurar el orden en un conflicto aún más costoso y mortífero. El candidato también afirma que Washington tiene ahora la “obligación moral” de prevenir un derramamiento generalizado de sangre, o la “limpieza étnica” que podría seguir a la retirada estadounidense.

En pocas palabras, McCain sostiene que los Estados Unidos deben “mantener el rumbo” en Irak y establecer un estado estable, próspero y democrático.

El senador Obama no está de acuerdo con estos argumentos. Fue uno de los escasos legisladores que opuso desde el primer momento una fuerte resistencia a la invasión norteamericana de Irak.

En lugar de quedarse y luchar para vencer, Obama afirma que las tropas norteamericanas deberían ser desplazadas de manera oportuna a Afganistán y otros emplazamientos en sucesivas fases.

El candidato demócrata se opone a una escalada en el número de fuerzas norteamericanas, lamenta los costes económicos del conflicto y rechaza cualquier llamamiento al establecimiento de bases militares estadounidenses permanentes en Irak (aunque ha sugerido que una especie de “fuerza residual” pueda seguir en la zona).

Obama cree que sólo un esfuerzo multilateral puede llevar una semblanza de paz a Irak, y que una convención constitucional liderada por la ONU podría constituir un buen primer paso hacia la reconciliación nacional.

Sin embargo, el senador advierte que Washington se encuentra ahora en una coyuntura en la que “no existen buenas opciones; sólo malas y peores”. Avisa de que “habrá riesgos implícitos en cualquier medida que tomemos a partir de ahora”.

Por supuesto, Obama y McCain comparten semejanzas y diferencias cuando se trata de asuntos de política internacional. Como ya se ha mencionado, ambos candidatos auspician lazos amistosos y constructivos con China.

También son favorables a la participación continuada de los EE.UU. en la OTAN, a una robusta alianza con Japón y al apoyo incondicional a Israel. Y ninguno de los dos parece dispuesto a seguir el consejo dado por el presidente Mao Zedong cuando se encontró con el presidente Richard M. Nixon durante su histórica visita a Beijing en 1972. Es decir, que resulta poco probable que ninguno de los dos candidatos haga regresar a casa a un gran número de tropas estadounidenses.

A pesar de las grandes similitudes, sin embargo, sería una exageración sugerir que McCain y Obama son poco más que la “imagen especular” uno de otro.

Las diferencias a propósito de la implicación continuada de los Estados Unidos en Irak –el asunto más importante y decisivo en la campaña presidencial de 2008– son abrumadoras.

Esto sin duda constituirá un factor importante cuando a los votantes estadounidenses se les ofrezca una opción, y no un eco. En este sentido, el resultado de las elecciones presidenciales en EE.UU. podría influir en la paz y estabilidad de Oriente Medio y en la vitalidad económica de la entera comunidad global.

El autor es profesor de intercambio Fulbright en la Universidad China de Asuntos Internacionales de Beijing, y profesor de ciencias políticas en la Universidad de Missouri. (Pueblo en Línea)

20/06/2008

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