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Una nueva Río de Janeiro recibe Conferencia Río+20

Actualizado a las 13/06/2012 - 15:36
RIO DE JANEIRO, 12 jun (Xinhua) -- Las delegaciones de 170 países y un centenar de jefes de Estado y de Gobierno que concurrirán la semana próxima a la Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible (Río+20) llegarán a un Río de Janeiro muy diferente al que hace dos décadas recibió la Cumbre Mundial Eco92.
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Por Pau Ramírez

RIO DE JANEIRO, 12 jun (Xinhua) -- Las delegaciones de 170 países y un centenar de jefes de Estado y de Gobierno que concurrirán la semana próxima a la Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible (Río+20) llegarán a un Río de Janeiro muy diferente al que hace dos décadas recibió la Cumbre Mundial Eco92.

De acuerdo con cifra oficiales, la ciudad redujo la tasa de homicidios hasta 66 por ciento, y está inmersa en un combate a fondo del tráfico de drogas a gran escala y un crecimiento económico y social impensable años atrás, que han llevado el municipio a ser elegido sede de los Juegos Olímpicos de 2016.

De hecho, la ciudad que albergará del 20 al 22 de junio el evento Río+20 poco se parece a aquella que fue escenario de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo (Río 92).

Los visitantes encontrarán un Río de Janeiro diferente, que en las dos últimas décadas pasó página a su historia al abatir en 66 por ciento la tasa de homicidios de 64,57 a 22,25 por cada 100.000 habitantes del municipio.

Si la oleada de violencia al inicio de los 90 provocó la fuga de empresas y la devaluación económica de la ciudad, el Rio de Janeiro del nuevo milenio es el centro de atención de investigadores nacionales y extranjeros. Aunque no todo es alegría y felicidad.

En 1992 la preocupación por la seguridad de los 116 jefes de Estado y de Gobierno hizo que el entonces gobernador Leonel Brizola determinada la construcción, sin licitación y sin un estudio de impacto ambiental, del primer tramo de la autovía conocida como Línea Roja, un total de 7,2 kilómetros de vía expresa.

El objetivo de la vía fue evitar las balas perdidas de las guerras entre traficantes en las favelas o barrios pobres a lo largo de la Avenida Brasil, cuando era la única vía de acceso entre el Aeropuerto Internacional Tom Jobim y la región central de la ciudad.

Veinte años después, el desplazamiento de los jefes de Estado y Gobierno continúa siendo una preocupación por las dificultades del tránsito, uno de los problemas diarios que enfrenta Río de Janeiro.

Hoy en día, además de los 21,7 kilómetros de la Línea Roja, la ciudad cuenta con la Línea Amarilla y recientemente se ha inaugurado el Transoeste, un corredor expreso de autobús de 56 kilómetros, que une el lujoso y moderno barrio de Barra de Tijuca con Santa Cruz.

El crecimiento de la red no fue proporcional sin embargo a la explosión de la flota de vehículos, que pasó de 1,8 millones en la Región Metropolitana en 1992 a 2,52 millones actuales sólo en el municipio.

Según datos de las concesionarias de los medios de transporte, en 1992 el metro transportaba 310.000 pasajeros al día contra los 700.000 a la fecha.

Los autobuses registraron un retroceso acentuado los últimos veinte años. En 1992 transportaban a 114 millones de personas al mes, contra los 79 millones de hoy.

"El problema no radica en la extensión de la red viaria, sino en la pésima calidad del transporte público. Y el transporte público no sólo resulta malo para el rico, sino también para el pobre, que en la medida en la que mejoró sus condiciones de vida buscó sus propias soluciones.

La flota de vehículos se duplicó, las motocicletas quintuplicaron su número y se expandió el uso de furgonetas regulares e ilegales.

El resultado es la aparición de más embotellamientos, indica el profesor e ingeniero de transportes Xavier Ratton Neto, del Programa de Ingeniería de Transportes de Coppe.

Según Ratton Neto, a la ciudad aún le falta un desarrollo planificado y sostenible, como aliado, que puede derivarse de la conferencia que tendrá lugar por segunda vez en Río.

"Es necesario dar preferencia al ambiente, no tan sólo el del bioma, sino también el de la vida moderna. La ciudad tiene más de siete millones de habitantes. La calidad de vida pasa por la movilidad urbana. Por lo tanto, es preciso pensar en la ciudad de manera global", afirmó.

Durante la Eco 92, los jefes de Estado y de Gobierno presentes replantaron árboles, como semilla del crecimiento ambiental que será revisado en el encuentro de este año.

Lo que no sabían era que defendiendo la flora al mismo tiempo estaban acabando con la fauna local.

Sin un sistema de alcantarillado, los 700 lavabos de los 63 baños de Riocentro, donde transcurrió la conferencia, lanzaron todo el material producido en los 11 días de evento en la laguna de Jacarepaguá, provocando la muerte de miles de peces.

Esta realidad poco cambió. Según datos del Sistema Nacional de Informaciones sobre Saneamiento, en 1995 un 65,38 por ciento de la población del estado de Río de Janeiro fue atendida por los 13.984 kilómetros de red de abastecimiento de agua, mientras que el 37,35 por ciento contaba con 4.487 kilómetros de red de alcantarillado.

De acuerdo con el Ministerio de las Ciudades no había alcantarillado tratado en la época.

Según el Censo brasileño de 2010, el 24,02 por ciento de los domicilios del estado de Río de Janeiro carecen de un sistema de alcantarillado. En 1992 se recogían diariamente 3.200 toneladas de basura de los hogares en la ciudad, por 2.125 toneladas de basura pública.

A la fecha, la media diaria es de 5.035 toneladas de basura de hogares y 3.090 de basura de las calles.

Río de Janeiro quiso marcar un antes y un después de la Conferencia de la ONU de este año con el cierre del vertedero de Jardim Gramacho, el mayor de toda América Latina.

La medida es un pequeño paso de los muchos que aún necesita Río de Janeiro en materia de medio ambiente, pero que representa un significativo avance respecto a la Río de 1992.

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