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El mundo entero estará viendo con los dedos cruzados, mientras algunos se lamentarán, cuando se haga realidad el encendido de la llama olímipca el lunes en la antigua ciudad de Olimpia, en Grecia.
Desde que Beijing fue elegida para convertirse en la ciudad anfitriona de los XXIX Juegos Olímipcos, ha habido diversos intentos de utilizar el evento para boicotear a China, bajo cualquier justificación que sirva a los intereses de los adversarios del país asiático, ya sea un asunto de África o una cuestión nacional.
Cuando se acerca la ceremonia del encendido de la llama olímpica y del relevo de la antorcha, un símbolo del inicio del gran evento que organiza Beijing, esos esfuerzos se han hecho evidentes con un grupo reducido de separatistas tibetanos y sus partidarios proclamando en Atenas y en otras partes que impedirán el relevo de la antorcha en el "techo del mundo".
El boicot es sólo una parte de la conspiración que la camarilla del Dalai Lama ha formulado para utilizar las Olimpiadas con el fin de presionar al gobierno chino y atraer la atención internacional hacia sus intentos secesionistas.
La coincidencia de los recientes disturbios en Lhasa y otras zonas chinas donde residen tibetanos ha demostrado la existencia de un plan preparado por los seguidores del Dalai Lama.
Las declaraciones de ese monje político en apoyo de los Juegos Olímpicos de Beijing han demostrado ser una mentira; sus seguidores boicotearon el relevo de la antorcha y utilizaron la violencia en Lhasa y otros lugares.
Desde finales de l970, el Dalai Lama y sus partidarios, frustrados por los continuos éxitos diplomáticos de China, han estado buscando plataformas para internacionalizar la cuestión del Tíbet.
Sin embargo, su plan para sabotear el evento de Beijing está condenado al fracaso; las Olimpiadas son una plataforma internacional que no debe ser utilizada para disputas violentas o políticas.
Su intento también pone en evidencia que los partidarios del Dalai Lama, a pesar de denominarse a sí mismos como budistas, son personas que podrían convertirse en radicales para servir a motivos ocultos, incluso a costa de sacrificar los Juegos Olímpicos, una ocasión para que el mundo promueva la paz, armonía y amistad entre los pueblos.
El boicot al relevo de la antorcha olímpica y los disturbios, no obstante, pueden ser tan sólo el comienzo de la estratagema.
En el camino hacia la celebración de los Juegos, la comunidad internacional, los verdaderos amantes del deporte y quienes se oponen a la violencia deben estar preparados para que la farsa continúe. Tienen que mostar su oposición a cualquier intento para perjudicar la Olimpiada, puesto que esta cita no sólo pertenece a Beijing y China, sino que es un evento internacional de carácter solemne que no debería ser perturbado nunca por la política.(Xinhua) 25/03/2008
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