PortadaChinaEconomíaMundoIberoaméricaOpiniónCiencia-TecDeportesCulturaSociedad-SaludÚltimas noticias

Información Bilingüe

ESPAÑOL19.07.2011 14h26

Pragmatismo amoral de Washington le deja en precaria posición

Por Zhong Sheng

A pesar de la oposición del gobierno chino, el presidente estadounidense, Barack Obama, recibirá al Dalai Lama en la Casa Blanca. Frente a esta situación, Beijing presentó su indignación y firme oposición.

Los asuntos del Tíbet son parte indeclinable de la política interna china. El Dalai Lama es un exiliado político que desde hace largo tiempo lleva a cabo actividades separatistas y antichinas, bajo un pretexto religioso. Una reunión entre el presidente estadounidense y el Dalai Lama es, sin lugar a dudas, una seria interferencia en los asuntos internos de China. Especialmente en estos momentos, cuando China celebra los 60 años de la liberación pacífica del Tíbet, el Dalai Lama se convierte en el invitado de honor en la Casa Blanca. Esto no sólo hiere los sentimientos de los chinos, incluido el pueblo tibetano, sino que también daña las relaciones entre China y los Estados Unidos. Cualquier interferencia en los asuntos del Tíbet socava la integridad territorial y la soberanía chinas. La posición de Beijing es clara y no da lugar a equívocos.

Al oponerse a que Obama reciba al Dalai Lama, China defiende sus intereses y, al mismo tiempo, protege sólidamente tanto el principio fundamental de las relaciones internacionales de no inmiscuirse en los asuntos internos de otro país, como un enfoque histórico correcto del asunto.

La liberación pacífica del Tíbet y la reforma democrática revistieron una trascendencia equiparable a la emancipación de los esclavos en Estados Unidos, el movimiento abolicionista en Europa o el fin del apartheid en Sudáfrica. Todos los que respetan la historia y promueven la causa de los derechos humanos, tienen un conocimiento básico acerca de la figura del Dalai Lama. Pero cuando algunos medios de comunicación estadounidenses se fascinan con su “sonrisa encantadora” y su “Premio por la paz”, y altos funcionarios del Congreso de ese país lo adulan públicamente, llamándolo “el Buda de nuestro tiempo”, cabría preguntarse a qué enfoque histórico se están adhiriendo y dónde ubican su escala de valores morales.

Al respecto, no resultaría ocioso citar las francas apreciaciones del ex canciller alemán Helmut Schmidt, quien dijo: “Hemos sido completamente conquistados por un anciano que quiere cambiar el mundo a través de la oración y su sonrisa, y hemos abandonado todo tipo de pensamiento crítico frente a él. Si analizamos la historia en detalle, comprobaremos que cuando el Dalai Lama gobernaba el Tíbet, todavía existía el sistema de servidumbre. Este sistema fue abolido hace 50 años... Si al tratar la cuestión del Tíbet, sólo vemos la sonrisa del Dalai Lama, quiere decir que sólo interpretamos el significado simbólico del problema del Tíbet y no el Tíbet en sí.”

Los estadounidenses, que consideran a Lincon como su "Libertador" por excelencia, en virtud de su papel de líder en la abolición de la esclavitud en EEUU, no deben arriegarse a extraviar su buen juicio a la hora de abordar asuntos cardinales que determinan el progreso de la Humanidad. El Dalai Lama se ha convertido en una carta de triunfo en manos de los pragmáticos. Hace algún tiempo un medio de prensa europeo afirmó: Occidente tiene una estrategia dirigida contra China, como parte de la cual la llamada “cuestión del Tíbet” puede convertirse en el as bajo la manga.

Para los observadores de la opinión pública estadounidense, no es difícil detectar la reciente y creciente conciencia pública sobre la pérdida de la condición de gran país que por largo tiempo detentó EE.UU. Algunas personalidades prominentes de Washington incluso han señalado que el “poder de atracción”de los Estados Unidos enfrenta un nuevo desafío. Los analistas políticos estadounidenses acostumbran buscar la raíz del problema en el surgmiento de nuevas potencias como China y en las diferentes escalas de poderío. De hecho, hay cierta lógica en ello. Sin embargo, el “estatus de gran potencia”y especialmente el “poder blando”están ligados a la imagen moral del país. Este pragmatismo que descuida los atributos morales poco tiene que ofrecer.

Cada vez que Washington crea algún problema en sus relaciones con China, buena parte de su prensa achaca lo ocurrido a deficiencias de la política doméstica. La presión del Congreso es muy grande, y la casa blanca se ve obligada a buscar un equilibrio. Sin embargo, estos análisis no trascienden el habitual cacareo. Es decir, basta tomar el pulso al derrotero de la política interna de Estados Unidos, para tener certidumbre del curso del desarrollo de las relaciones sino-estadounidenses. Esto no es justo. Si las relaciones entre ambos países dependen de estos altibajos, es imposible que sean estables.

Para “darle la bienvenida a China como una potencia próspera y floresciente”, es preciso dispensarle un tratamiento honesto y sobre bases de igualdad. Hoy son reducidos los márgenes que permitirían a Washington imponer su propia agenda en las relaciones bilaterales. Hoy en día, la agenda para las relaciones entre ambos países cambia constantemente, y cada acción lesiva tiene consecuencias significativas para los intercambios a futuro. En las relaciones bilaterales entre China y EE.UU. al igual que las que rigen en todo el orbe, mengua continuamente la posibilidad de enmendar los errores.

Incluso los propios medios de comunicación estadounidenses reconocen que mientras el país se aboca al debate por la deuda pública nacional, China es su mayor acreedor. Si EE.UU incurriera en una moratoria de pagos, esto seguramente dañaría gravemente los intereses chinos, algo sobre lo cual Beijing ya ha expresado su preocupación. La reunión entre Obama y el Dalai Lama coincide con una serie de intercambios de alto nivel y sin duda tendrá un impacto negativo en las relaciones sino-estadounidenses.

En el mundo actual, las relaciones bilaterales más importantes son las que mantienen EE.UU. y China. La parte china siempre ha promovido y protege el desarrollo sano de estas relaciones. Para procurar que continúe la estabilidad, es necesario que tanto chinos como estadounidenses trabajen juntos.(Pueblo en Línea)

18/07/2011

不讲道义的实用主义小算盘有损美国大国地位

钟 声

 

美国方面不顾中国方面的坚决反对,执意安排奥巴马总统在白宫会见达赖喇嘛。中方对此进行了严正交涉,表达了强烈愤慨和坚决反对。

  

西藏事务纯属中国内政。达赖喇嘛是一位长期打着宗教旗号从事反华分裂活动的政治流亡者。美国总统会见达赖喇嘛是明白无误的严重干涉中国内政之举。中国正在隆重庆祝西藏和平解放60周年,达赖喇嘛堂而皇之地成为白宫的座上宾,这不可能不伤害包括西藏人民在内的全体中国人的感情,也不可能不给中美关系带来损害。涉藏问题攸关中国的主权和领土完整,中国的原则立场一贯鲜明,今后也不会含糊。

  

应当看到,中国坚决反对美国总统会见达赖喇嘛,不仅是在捍卫自己的核心利益,同时也是对互不干涉内政这一国际关系基本准则和正确历史观的坚定维护。

  

西藏和平解放、民主改革,是与美国解放黑奴、欧洲废奴运动和南非废除种族隔离制度比肩而立的伟大历史事件。一切尊重历史、认同人权的人们都会对达赖喇嘛有一个最基本的定位。当美国一些媒体痴迷于达赖喇嘛“迷人的微笑”和所谓“和平奖”桂冠,而美国国务院高官甚至公开将其吹捧为“现世佛陀”时,究竟是在表达怎样一种历史观?又想置基本的道义于何地?

  

还是听一听德国前总理施密特直率的谈话吧:“我们完全被这位想通过祈祷和微笑改变世界的老人所征服,在他面前放弃批评性思考。如果我们仔细去看历史,在达赖喇嘛统治西藏的时候,西藏仍是农奴制。这一制度在50年代中期才被废除……如果我们在西藏问题上只看到达赖喇嘛的微笑,那么这就说明我们看重的是西藏问题给我们带来的象征意义,而不是西藏本身”。

  

美国人将解放黑奴运动领袖林肯奉为“伟大的解放者”,恐怕还不至于在事关人类历史进步这样的大是大非面前彻底迷失。达赖喇嘛又一次被当成了实用主义小算盘上一粒拨来拨去的珠子。早有欧洲媒体指出:西方有针对中国的战略,而所谓“西藏问题”能够成为战略扑克游戏中对付中国的一张王牌。

  

关注美国舆论的人不难发现,最近一段时间对美国“大国地位”受损的忧患意识在增强。华盛顿一些权威人士甚至明确指出,美国的“软实力”受到挑战。美国的政论家习惯于在中国等新兴大国崛起以及综合国力对比的演变中寻找原因,这固然有其自身的逻辑。然而,“大国地位”特别是“软实力”离不开道义形象的支撑,不讲道义的实用主义小算盘于人于己都没有什么好处。

  

每当华盛顿给中美关系制造了麻烦,总会有不少美国媒体分析说,此乃美国政治使然,国会压力很大,白宫不得不搞平衡。然而,这些分析仅仅停留于此,似乎这套东西已经成为惯例,只能按照美国的国内政治规则来把握中美关系发展进程。这是不公平的。在此基础上发展起来的中美关系,也是不可能稳定的。

  

既然“欢迎中国作为一个繁荣昌盛的大国登场”,就需要诚心诚意地将中国当做平等的战略伙伴来对待。华盛顿像过去那样按照自己的时间表来处理中美关系的空间已经大大减少。如今,中美关系中的议程安排一个接着一个,任何一个破坏性举动都会对后面紧随而来的议程造成重大影响。中美双边议程乃至全球议程安排都不可能给华盛顿更多时间去做所谓的补救,在政策层面上这种补救只会越来越难。

就连美国媒体也注意到,美国国内正在就债务问题进行白热化的谈判,而中国是美国最大的债权国。如果美国发生了债务违约,势必对中国利益造成严重伤害,中方已经对此表达了严重关切。奥巴马会见达赖喇嘛正值中美之间一系列高层交往即将展开之际,这一会见势必对中美关系的发展进程产生负面影响。

中美关系是当今世界最重要的双边关系,中方一贯积极维护和推动中美关系健康发展的大局。维护中美关系持续稳定发展,需要中美双方共同努力。